miércoles, 10 de noviembre de 2010

Whatever. Es noviembre. 10 de noviembre. Falta poco. Estoy sensible.

¿Se puede extrañar a la misma persona toda la vida? ¿Es posible que sienta tu ausencia todos los días de mi vida? ¿Podré acaso resistirlo? Y, no lo entiendo, ¿se puede considerar como extrañar de veras? Ay, ¿cómo explicarme sin explicarme? Yo puedo. Yo puedo abrirme paso entre la gente. Puedo derrotar a cualquier obstáculo que se me ponga en medio para tenerte otra vez. Probablemente tú también puedas. Si querés, ¿si creés que deberías? Ah, sí. Ahí está el tema. Entonces, ¿qué? ¿Solo queda extrañar? ¿Solo queda imaginarte? Pero es que no entendés, hermosa. Sí, hermosa. Me permito decírtelo esta vez. Hermosa-hermosa. No entendés nada. Yo te vengo imaginando hace años. Te vengo imaginando desde que tengo memoria, ¿sabés? A ti. Te conozco desde que tengo memoria. Y luego te vi. Hermosa. Acabo de llegar a casa, y no sabés. Cuando abrí la puerta del ascensor, en el límite de este y el suelo, apoyada sobra la rendija que los divide, me encontré con una prenda tuya que robé hace ya un tiempo. ¿Cómo es posible? Digo, sí, siempre existe la explicación lógica, ¿no? Sé cómo es posible. Pero eso no es relevante. ¡Estaba ahí! ¡Estaba ahí! De entre todas las cosas, fue la tuya que me dio la bienvenida de vuelta a casa. Lloré instantáneamente. (¿Como siempre?) Y la abracé. Y la bese. Y la miro y sonrío. ¿Hay señales? ¿Existirán acaso estas cosas? Necesito magia. Necesito algo místico. Algo que me diga que trasciende de mí, que por más insoportable que se me haga, hay cosas más importantes en juego. Hay movimientos en el cosmos. Movimientos provocados por tú y yo. Por lo que yo siento por ti. No me sorprendería. Es infinito. Es todo. Es omnipotente. Está en todos lados. Ahí cuando te pinchen las plumas del acolchado. Allí cuando le agregue adobo a la salsa. Ah, cuando abrace a Bind por las noches. Todas. TODAS. ¿Podés entenderlo? Sos todas la noches. Toda la oscuridad vacía, ahora, toda la oscuridad infinita. Toda la que desaparecía de repente, como quebrada por el rayo de luz más grande, cuando ponía mis manos entre tus piernas y descansaba mi cabeza en tu hombro.

4 comentarios:

  1. Me gustó.
    Hoy le dije, quizas, a alguien que quería. Quizas, estar contigo.
    Quizas.
    Me preguntó si me gustaba ella
    ¿¿¿¿¿¿??????

    Qué carajo?????????????!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué raro! La sintaxis de ese párrafo me confundió un poco, jaja. Me intriga el final, ¿cómo terminará todo?

    ResponderEliminar
  3. La sintaxis te causa problemas?
    Te lo aclaro: chupamela!!!AH!!

    ResponderEliminar
  4. Bueno, "Anónima", ¿y qué le contestaste a aquella?

    ResponderEliminar