un día
tomaré las riendas
y domaré el torrente salvaje
de estas indómitas palabras
que luchan por salir
pero hasta ese día
debo contentarme
con estos efímeros susurros
pequeños respiros
de un ahogo sin fin
martes, 18 de septiembre de 2012
martes, 22 de mayo de 2012
Erupción de palabras mediocres para sentimientos abrumadores.
Mil rostros decepcionados me acosan cada día,
sombras de un resplandor opaco que desaparecen al moverme,
nunca miro al frente, siempre a los costados.
Sus ojos incandescentes arden como un fénix,
se consumen y renacen movidos por los caprichos del nuevo día,
mi cuerpo es de cenizas, soy cenizas,
mi cuerpo es de cenizas, soy-
Mi cuerpo es de cenizas, pero yo soy llamas,
Mi cuerpo se desvanece, pero yo persisto,
Mi cuerpo se consume, pero yo no me quemo,
Ya verán, ya verán, esos ojos dañinos,
que un día mi reflejo nos encandilará encendido.
sombras de un resplandor opaco que desaparecen al moverme,
nunca miro al frente, siempre a los costados.
Sus ojos incandescentes arden como un fénix,
se consumen y renacen movidos por los caprichos del nuevo día,
mi cuerpo es de cenizas, soy cenizas,
mi cuerpo es de cenizas, soy-
Mi cuerpo es de cenizas, pero yo soy llamas,
Mi cuerpo se desvanece, pero yo persisto,
Mi cuerpo se consume, pero yo no me quemo,
Ya verán, ya verán, esos ojos dañinos,
que un día mi reflejo nos encandilará encendido.
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martes, 21 de febrero de 2012
Las sirenas no valen la pena.
Sentada en la vereda, esperaba. Núcleo exacto de un halo de luz que se proyectaba desde las alturas. ¿De mercurio? Luz de mercurio. Luz intergaláctica. Especial, siempre.
Esperaba, y esperaba aún más. La luz se lo decía, ya vendría. Si no, ¿qué sentido tenía alumbrarla?
Esperaba cabizbaja, jugueteando con el pavimento gris.
Esperó hasta olvidar qué esperaba.
De pronto, una canción. Una sirena urbana centellando a la distancia. Sus ojos estaban ahora atentos, fijos, de tanto en tanto, de color escarlata.
La llamó; tuvo que pararse; quiso acercarse. Agudizó la vista, pero no la veía bien.
¿Era ella? Tenía que serlo.
Quiebre. Quiebre entonces hermoso. El halo traspasado por un pie envalentonado. Aquel que se animó a dar el primer paso. El otro no se decidía a seguirlo.
Entonó su canción más dulce. Prometía. Seducía.
- Ven.
Ahhh. Torrente de sueños hechos realidad. Su cabeza se ahogaba en imágenes de pura dicha; su imaginación tejía historia tras historia de un éxtasis indescriptible. Y la sirena la acompañaba con su canción.
"Es, pues. Así se siente. Así lo veo aquí adentro."
El segundo pie se decidió. El halo de luz desapareció, ya no había nada que iluminar. Antes de que diera un paso más, la sirena se desvaneció en la oscuridad.
Falsa alarma.
Esperaba, y esperaba aún más. La luz se lo decía, ya vendría. Si no, ¿qué sentido tenía alumbrarla?
Esperaba cabizbaja, jugueteando con el pavimento gris.
Esperó hasta olvidar qué esperaba.
De pronto, una canción. Una sirena urbana centellando a la distancia. Sus ojos estaban ahora atentos, fijos, de tanto en tanto, de color escarlata.
La llamó; tuvo que pararse; quiso acercarse. Agudizó la vista, pero no la veía bien.
¿Era ella? Tenía que serlo.
Quiebre. Quiebre entonces hermoso. El halo traspasado por un pie envalentonado. Aquel que se animó a dar el primer paso. El otro no se decidía a seguirlo.
Entonó su canción más dulce. Prometía. Seducía.
- Ven.
Ahhh. Torrente de sueños hechos realidad. Su cabeza se ahogaba en imágenes de pura dicha; su imaginación tejía historia tras historia de un éxtasis indescriptible. Y la sirena la acompañaba con su canción.
"Es, pues. Así se siente. Así lo veo aquí adentro."
El segundo pie se decidió. El halo de luz desapareció, ya no había nada que iluminar. Antes de que diera un paso más, la sirena se desvaneció en la oscuridad.
Falsa alarma.
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miércoles, 7 de diciembre de 2011
Ablución de palabras lejanas.
lamento, querida,
si tus palabras,
no derrumban muros,
como cuando tu llegada,
arrasó con la ciudad entera,
pero duelen mucho,
viniendo de ti,
que reinas en ella;
así es que no te apenes,
si otras llegan
y logran abatirlos,
pues estas solo están,
para paliar tu arribada;
pues es por ti
y no por ellas
por quien arderán los escombros,
pues es por ti
y no por ellas
por quien sucumbirán a ruinas:
y así hasta que las cenizas estanquen
y me alce magnífica
y me alce triunfadora,
y me alce merecedora.
si tus palabras,
no derrumban muros,
como cuando tu llegada,
arrasó con la ciudad entera,
pero duelen mucho,
viniendo de ti,
que reinas en ella;
así es que no te apenes,
si otras llegan
y logran abatirlos,
pues estas solo están,
para paliar tu arribada;
pues es por ti
y no por ellas
por quien arderán los escombros,
pues es por ti
y no por ellas
por quien sucumbirán a ruinas:
y así hasta que las cenizas estanquen
y me alce magnífica
y me alce triunfadora,
y me alce merecedora.
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lunes, 5 de diciembre de 2011
Extirparlos como a un cáncer.
desgarrando mi interior
como si yaciera lánguida en boca de depredador
y cómo este, todo natural y primitivo;
los cálculos de la razón no entran en la ecuación,
no participan de esta danza salvaje de destrucción
ja, y me salen rimas de la desesperación,
¿acaso haya algo más desconsolador?
y la ira que no es ira
que es miedo, miedo cobarde y patético,
pero no temor de perder lo que nunca tuve,
la pérdida de la falsa posesión ni siquiera el peor desconsuelo
la pérdida frente a la otra fiera,
el otro animal que acechaba la presa,
la pérdida frente al más fuerte,
al más ágil,
al más inteligente,
pero tampoco es esto,
la pérdida ante la mejor jugada,
....
la pérdida ante nadie más que yo,
que jamás seré suficiente
el aceptar que soy deficiente
como cazadora y cazada
(Y esto se me antoja leerlo con un leve tonito de Calle 13, ¿por qué no?)
como si yaciera lánguida en boca de depredador
y cómo este, todo natural y primitivo;
los cálculos de la razón no entran en la ecuación,
no participan de esta danza salvaje de destrucción
ja, y me salen rimas de la desesperación,
¿acaso haya algo más desconsolador?
y la ira que no es ira
que es miedo, miedo cobarde y patético,
pero no temor de perder lo que nunca tuve,
la pérdida de la falsa posesión ni siquiera el peor desconsuelo
la pérdida frente a la otra fiera,
el otro animal que acechaba la presa,
la pérdida frente al más fuerte,
al más ágil,
al más inteligente,
pero tampoco es esto,
la pérdida ante la mejor jugada,
....
la pérdida ante nadie más que yo,
que jamás seré suficiente
el aceptar que soy deficiente
como cazadora y cazada
(Y esto se me antoja leerlo con un leve tonito de Calle 13, ¿por qué no?)
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viernes, 2 de diciembre de 2011
Sed de tragedia.
Ella solo miraba películas tristísimas. Solo se interesaba por las historias trágicas, los personajes que caían, inevitablemente, en la peor de las desgracias y en la más profunda miseria. No había opción para ellos; nunca. Que se presentase una alternativa a esa plétora de calamidades era impensable, de locos. Sería... demasiado serio, demasiado real. Demasiado..., como le habría dicho una vez aquel señor alto como un poste de luz, e iluminado como pocos: "adulto". Demasiado adulto. Tener una opción. Poder elegir entre dos desgracias igualmente deprimentes. Perder sin importar qué se elija. ¿Qué era eso? ¿Cuál era la gracia de elegir, si no había posibilidad de escapar del torrente de consecuencias nefastas que venían con la decisión?
Ah, sí. Entonces ella prefería ver a estos personajes patéticos que terminaban, invariablemente, sumidos en desdicha, como forzados por el destino. Como si al nacer, junto al nombre y el agujerillo de caravanas para las nenas, se les asignara también un destino aciago. Los acompañaba por un momento, completamente hipnotizada, y se conmovía enormemente. Lloraba, también. Lloraba amargamente, con una empatía que nunca había podido invocar para sus seres conocidos; no, estos siempre la dejaban fría, fría y ensopada por una lluvia de culpa que acudía siempre que veía que se desvíaba de la norma.
Ella solo miraba películas tristísimas. Y lloraba. Lloraba, más que nada, porque siempre lloraba. Y siempre lloraba por una simple razón: no había nada en su vida, ni lo habría nunca, algo tan triste como lo que veía en la pantalla de su tv, día tras día.
Ah, sí. Entonces ella prefería ver a estos personajes patéticos que terminaban, invariablemente, sumidos en desdicha, como forzados por el destino. Como si al nacer, junto al nombre y el agujerillo de caravanas para las nenas, se les asignara también un destino aciago. Los acompañaba por un momento, completamente hipnotizada, y se conmovía enormemente. Lloraba, también. Lloraba amargamente, con una empatía que nunca había podido invocar para sus seres conocidos; no, estos siempre la dejaban fría, fría y ensopada por una lluvia de culpa que acudía siempre que veía que se desvíaba de la norma.
Ella solo miraba películas tristísimas. Y lloraba. Lloraba, más que nada, porque siempre lloraba. Y siempre lloraba por una simple razón: no había nada en su vida, ni lo habría nunca, algo tan triste como lo que veía en la pantalla de su tv, día tras día.
martes, 22 de noviembre de 2011
Parque de atracciones.
Hubo un día, tiempo atrás, en que mi presente era utopía. Un día en que imaginarte era lo más parecido que podía lograr a tenerte. Un día en que soñar era mejor que estar despierta. No recuerdo casi esos días, pero sé que los hubo.Y sin embargo, cada uno de esos oscuros días se me antoja en retrospectiva, hermoso en sí mismo, cada uno dotado de una incuestionable magia. Cada uno parte de una historia que debía ser contada, cada uno una de estas palabras, cada semana una oración en la más calculada prosa, cada mes un párrafo que encerraba mi yo en espacios temporales que se llenaban con significantes vacuos, desprovistos de literatura, como las instrucciones de un electrodoméstico que ni siquiera llegan a dejar la caja.
Sí, cada uno tan prolijo y ordenado como el párrafo que antecede.
Hasta ti.
Eras tú, la que llegabas y todo lo habías cambiado.
ahora podía ver
-sin cerrar siquiera mis dos esferas hipnotizadas-
tus piecitos danzantes
escapándose por entre las sábanas
tu hilera de chiclets mentolados
asomándose por entre los
trampolines escarlatas de tus labios
ahora podía no solo ver,
podía regocijarme
en tu parque de atracciones
(adiós Disney, otra vez será)
y deslizarme por la suave curva de tu rostro
Tú, tú, tú,
tú habías llegado
a gobernar sobre el orden,
a conquistar un descampado,
tú habías llegado
y contigo el magnifico caos
de los cuerpos que bailan al ritmo de la poesía.
Sí, cada uno tan prolijo y ordenado como el párrafo que antecede.
Hasta ti.
Eras tú, la que llegabas y todo lo habías cambiado.
ahora podía ver
-sin cerrar siquiera mis dos esferas hipnotizadas-
tus piecitos danzantes
escapándose por entre las sábanas
tu hilera de chiclets mentolados
asomándose por entre los
trampolines escarlatas de tus labios
ahora podía no solo ver,
podía regocijarme
en tu parque de atracciones
(adiós Disney, otra vez será)
y deslizarme por la suave curva de tu rostro
Tú, tú, tú,
tú habías llegado
a gobernar sobre el orden,
a conquistar un descampado,
tú habías llegado
y contigo el magnifico caos
de los cuerpos que bailan al ritmo de la poesía.
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jueves, 17 de noviembre de 2011
Mi constante.
En la furia irrevocable,
de mis estados alterados,
-absolutamente impermeable-
hay solo una cosa
que me trae de vuelta:
tu inagotable ternura.
Tú,
mi constante.
de mis estados alterados,
-absolutamente impermeable-
hay solo una cosa
que me trae de vuelta:
tu inagotable ternura.
Tú,
mi constante.
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