¿Cómo podía atreverse
a concederle
siquiera un segundo
a quien no fuera yo?
A dejarla entrar.
A que sea necesaria.
A que sea extrañada.
¿Cómo?
¿Cómo
cuando yo
había pretendido expulsarla?
¿Cómo,
cuando debería bastar conmigo?
No...
Así no.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
Te brillaré; un día, te brillaré.
Nunca;
esferas tan brillantes.
Jamás;
aquel resplandor.
Los suyos,
nunca juzgaban
pero dolía mirarlos
como al sol,
...ver en ellos reflejada,
mi diminuta figura en llamas,
insignificante,
enmarcada en fina avellana.
Añoraba aquel día
que aquel divino portaretratos
encerrara en su reducido centro
mi imagen, sí,
pero digna, de una vez,
y,
finalmente,
inmutable.
esferas tan brillantes.
Jamás;
aquel resplandor.
Los suyos,
nunca juzgaban
pero dolía mirarlos
como al sol,
...ver en ellos reflejada,
mi diminuta figura en llamas,
insignificante,
enmarcada en fina avellana.
Añoraba aquel día
que aquel divino portaretratos
encerrara en su reducido centro
mi imagen, sí,
pero digna, de una vez,
y,
finalmente,
inmutable.
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sábado, 20 de agosto de 2011
De como la soledad revelaba verdades absolutas decisivamente extravagantes.
¿Quién, si no tú, entonces?
Vivía la distancia como una especie de amputación. Observaba su cuerpo torpe e inútil; un cuerpo que ya no sabía cómo comportarse cuando no se veía envuelto en su danza primaria, aquella que nacía de las profundidades de los cuerpos confundidos, aquella cuyo objetivo último era el amalgama de esas masas de extremidades que se apretaban casi hasta la asfixia. La asustaban un poco esos contornos borrosos, la indefinición de las líneas, las que, indudablemente, les daban dos nombres; nombres que no compartían. Sí, definitivamente la distancia la ponía en un humor reflexivo; su cabeza parecía disfrutar este bienvenido co-protagonismo, y se entretenía con cuestiones serias e importantes, como si condujeran a algo, como si no fuera cierto que se esfumarían en volutas de humo perfumado tan pronto hundiera su rostro en aquel exquisito pecho de porcelana. Pero aún así tramaba planes y esquemas, y se deshacía en interrogantes existencialistas, amparando los vestigios de una identidad desnutrida, como le gustaba llamarla entre risas, para despertar el interés del encandilado maniquí que yacía lánguido y desesperanzado. En esto, la voz de la razón se anunciaba desde el centro, evocando un antiguo mito: el suyo era un cuerpo dividido, cuyas partes se anhelaban, cohabitado por dos esencias únicas que se amaban. Ahora sí, no había nada que agregar.
Terminadas estas palabras, sonrisa traviesa en cara, (des)cuento las horas para tu regreso.
Vivía la distancia como una especie de amputación. Observaba su cuerpo torpe e inútil; un cuerpo que ya no sabía cómo comportarse cuando no se veía envuelto en su danza primaria, aquella que nacía de las profundidades de los cuerpos confundidos, aquella cuyo objetivo último era el amalgama de esas masas de extremidades que se apretaban casi hasta la asfixia. La asustaban un poco esos contornos borrosos, la indefinición de las líneas, las que, indudablemente, les daban dos nombres; nombres que no compartían. Sí, definitivamente la distancia la ponía en un humor reflexivo; su cabeza parecía disfrutar este bienvenido co-protagonismo, y se entretenía con cuestiones serias e importantes, como si condujeran a algo, como si no fuera cierto que se esfumarían en volutas de humo perfumado tan pronto hundiera su rostro en aquel exquisito pecho de porcelana. Pero aún así tramaba planes y esquemas, y se deshacía en interrogantes existencialistas, amparando los vestigios de una identidad desnutrida, como le gustaba llamarla entre risas, para despertar el interés del encandilado maniquí que yacía lánguido y desesperanzado. En esto, la voz de la razón se anunciaba desde el centro, evocando un antiguo mito: el suyo era un cuerpo dividido, cuyas partes se anhelaban, cohabitado por dos esencias únicas que se amaban. Ahora sí, no había nada que agregar.
Terminadas estas palabras, sonrisa traviesa en cara, (des)cuento las horas para tu regreso.
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lunes, 8 de agosto de 2011
Por ahora una ficción.
Me asusta:
tu ausencia;
de minutos,
pocas horas,
en que la norma,
nos divide;
me asusta,
por lo intenso
de la angustia;
me asusta:
por pensar,
que si la ausencia fuese eterna,
(ya) no habría salvación.
tu ausencia;
de minutos,
pocas horas,
en que la norma,
nos divide;
me asusta,
por lo intenso
de la angustia;
me asusta:
por pensar,
que si la ausencia fuese eterna,
(ya) no habría salvación.
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martes, 19 de julio de 2011
Faltaban ellas, o no faltaba nada.
ya está,
faltaban solo las palabras,
que la vestirían de seriedad,
pero ya estaba;
cada recoveco turbado
había sido sosegado:
sus manos como una hoguera,
sus llamas de terciopelo;
su cuerpo otrora un páramo
había sido colmado,
saciado en una ablución
de caricias cristalinas;
no era paz anodina que
la durmiera en complacencia,
era amalgama de adrenalinas
que colisionaban en singular melodía;
restaban solo las palabras,
que apenas se contenían,
faltaban solo las palabras
que le dieran un nombre:
aseguraran su permanencia.
faltaban solo las palabras,
que la vestirían de seriedad,
pero ya estaba;
cada recoveco turbado
había sido sosegado:
sus manos como una hoguera,
sus llamas de terciopelo;
su cuerpo otrora un páramo
había sido colmado,
saciado en una ablución
de caricias cristalinas;
no era paz anodina que
la durmiera en complacencia,
era amalgama de adrenalinas
que colisionaban en singular melodía;
restaban solo las palabras,
que apenas se contenían,
faltaban solo las palabras
que le dieran un nombre:
aseguraran su permanencia.
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sábado, 9 de julio de 2011
Primeras veces.
Marcar este día,
que es un primero,
escribir con ojos empañados.
Marcar este día,
que es el primero,
que por tu ausencia he llorado.
que es un primero,
escribir con ojos empañados.
Marcar este día,
que es el primero,
que por tu ausencia he llorado.
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martes, 5 de julio de 2011
Warning: palabras escritas bajo los efectos de la droga (puede que me refiera a la felicidad.)
Amanecía en una burbuja de calor, desconcertada por la tranquilidad de su estómago. Los terremotos de ansiedad habían dado paso a esa otra sensación que algunos asocian con aquellos insectos voladores que se posan en las flores. Flores, perfume, shampoo. Aspiraba hondo. Sonreía, sonreía sin parar. Y los ríos de agua salada danzaban en sus mejillas rosadas. Y se daba vuelta. Y la deslumbraba. Toda ella, sí. Pero la hilera de cubitos nevados en especial. Como mini cubitos de hielo. Pero estos irradiaban calor. Sonrojaban sus mejillas, otra vez. Y aparecía en ella también, su tímida sonrisa en el rostro iluminado, incapaz de resistirse a su entusiasta compañera. Pensaba que mientras pudiera lograr invocarla, a ella, tan cándida, tan magnífica, todo estaría bien. Quería grabarla en su mente a fuego, para siempre, y así poder contemplarla cuando los días grises amenazaran su euforia. Pero más que nada, quería protegerla. Quería hallar la manera de que persistiera en el tiempo. Una fotografía no bastaba. Así es que se había auto-designado la sublime tarea de hacer que aquel maravilloso rostro llevase siempre puesta su divina sonrisa, y que no faltase nunca, como los cubitos de hielo en la heladera.
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Visión empañada
jueves, 23 de junio de 2011
De por qué Disney me entendía más que nadie...
"No había nada que temer", se dijo para sí. Como siempre, exageraba. ¿Cuándo había sido la realidad suficiente para contentar sus caprichos de niña criada por películas de Disney? (A quien, vale aclarar, había querido odiar pero nunca pudo.) Sin duda estaba ignorando algo. Sin duda se estaba permitiendo pasar algo por alto, ¿pero qué?
Estos pensamientos la atacaban en las horas de soledad, cuando los superlativos parecían absurdos e imposibles. Entonces lograba racionalizar la situación, quizás asemejando su pensamiento al criterio de la mayoría de las personas que la rodeaban. Pero en el fondo no la convencían. Había algo en esa quimera que resonaba con su instinto más primitivo. Como muchas otras veces, encontraba que la paradoja que es el ser humano era una creación defectuosa. ¿Por qué, si no para torturarlo, se le entregaba a un animal una herramienta intelectual como la razón? La polarización de estas características era directamente proporcional a la probabilidad de implosión que poseía cada uno de estos a veces desdichados seres.
Pero como mencioné anteriormente, estas reflexiones la asaltaban cuando sus sentidos no estaban siendo arrasados por los torrentes de estímulos que su anhelo explicitado le brindaba. Bastaba enterrar el rostro en esa maraña de cabello otoñal-primaveral para que su mente entrara en un estado de ensoñación parecido al éxtasis. Esos cabellos largos, de princesa. "Quizás Disney no estaba tan equivocado": y se le dibujaba una sonrisa que ya no la dejaría en todo el día.
Estos pensamientos la atacaban en las horas de soledad, cuando los superlativos parecían absurdos e imposibles. Entonces lograba racionalizar la situación, quizás asemejando su pensamiento al criterio de la mayoría de las personas que la rodeaban. Pero en el fondo no la convencían. Había algo en esa quimera que resonaba con su instinto más primitivo. Como muchas otras veces, encontraba que la paradoja que es el ser humano era una creación defectuosa. ¿Por qué, si no para torturarlo, se le entregaba a un animal una herramienta intelectual como la razón? La polarización de estas características era directamente proporcional a la probabilidad de implosión que poseía cada uno de estos a veces desdichados seres.
Pero como mencioné anteriormente, estas reflexiones la asaltaban cuando sus sentidos no estaban siendo arrasados por los torrentes de estímulos que su anhelo explicitado le brindaba. Bastaba enterrar el rostro en esa maraña de cabello otoñal-primaveral para que su mente entrara en un estado de ensoñación parecido al éxtasis. Esos cabellos largos, de princesa. "Quizás Disney no estaba tan equivocado": y se le dibujaba una sonrisa que ya no la dejaría en todo el día.
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