Esa vez no se despertó agitada, como era de costumbre. Se incorporó en la cama y murmuró para sí: ¡qué mediocre!, mientras una sensación de amargura se instalaba en su boca, para ya no dejarla en todo el día. No había tenido pesadillas esta vez. Esa lucha que usualmente delegaba a la noche parecía haberse resuelto en algún momento del día anterior. La extrañó esa nueva sensación, la de no tener que reponerse de la angustia semi-ficticia, y sin lugar a dudas, auto impuesta por algún rincón perturbado de su mente. Esta vez no tuvo que practicar la sonrisa en el espejo; se examinó extrañada y entendió que su cabello algo desaliñado no tendría arreglo esa mañana. Se resignó.
Qué mediocre. ¿Qué la había impulsado a decir algo así? Se esforzó por recordar si había alguien más en el sueño, alguien a quién decírselo, algo a qué atribuírselo, pero nada. Qué mediocre. ¿Sería ella? Ya estaba lejos del espejo, ¿cómo comprobarlo? Intentó mirarse en el reflejo del vidrio del ómnibus. Siempre le había gustado cómo se veía ahí. Su imagen opacada por las cortinas que ocultaban al conductor..., parecía difícil encontrarse defectos entre tanta oscuridad. No, salvo mi pelo, estoy bien.
Mediocre. ¿Lo estaba, estaba bien? Demasiado tarde para volverse a mirar allí. No había tiempo para más reflejos. Reflejos, verse por los ojos otros. Los otros ojos, aquellos que elegía con cuidado para que le devolvieran lo que quería ver. Eras tú, tonta. Era esto. Mediocre tú y esto y todo. Común, regular, gris, anodino. Gris, ¡intenta escaparte de la gama del infierno! No es posible. Mediocre no es tu sueño, eres tú, son tus ojos, por eso buscas los otros. Mírate al espejo una vez más: sonríe, mediocre.
lunes, 11 de abril de 2011
domingo, 10 de abril de 2011
Complejo de inferioridad.
alcanzar, sí
pero siempre de puntitas de pie
estirando los brazos,
mientras la piel del vientre
se estira hasta doler
apoyarse,
temblando como ballerina novicia,
en los deditos abatidos
por el peso del querer
agitar las falanges
en baile ritual
hasta tocarte
de una vez,
tocarte,
pero no sin pesar
nunca sin pesar
pero siempre de puntitas de pie
estirando los brazos,
mientras la piel del vientre
se estira hasta doler
apoyarse,
temblando como ballerina novicia,
en los deditos abatidos
por el peso del querer
agitar las falanges
en baile ritual
hasta tocarte
de una vez,
tocarte,
pero no sin pesar
nunca sin pesar
jueves, 7 de abril de 2011
Shape of language.
It's just that TIME meant SO MUCH MORE with you.
Every secondwasf
i
l
l
e
dwith the promise of a day.
miércoles, 6 de abril de 2011
La cucaracha, la cucaracha...
Hay una cucaracha en mi cuarto. Parece ridículo el efecto que ha logrado en mí desde su aparición, pero lo cierto es que mi repugnante compañera ni siquiera necesita mostrarse para lograr trastornarme. Siento su presencia aquí dentro, contaminando los rincones oscuros de la habitación. Mi cuerpo se contrae en ademanes de rechazo, combatiendo el miedo irracional que poco a poco logra apoderarse de mis sentidos, manipulándolos a su capricho. Está aquí, aunque no la vea. Corroe lo que es puro, lo que es bueno. Busca refugio cuando tengo los brazos levantados, los puños apretados; cuando mi grito desafiante perfora la habitación sobreponiéndose al miedo. Y luego, cuando pienso que la batalla ya está ganada y bajo la guardia con cierta satisfacción (aunque nunca arrullada por el suave ronroneo del sosiego), la pequeña bastarda logra escabullirse desde las profundidades hasta apoderarse de mí una vez más, hasta doblegar mi voluntad. Y sé que no descansará hasta tenerme. No descansará hasta que mis miembros expuestos la inviten a trepar hasta mi pecho y anidar ahí de una vez por todas.
Bueno, pues, será que alguien mejor le avise que tengo Raid y sé cómo usarlo.
(Hubo otros, quizás más serios textos inspirados por mi ilustre compañera, pero serán temas mejor ilustrados en vehículos más nobles. Muchos recuerdos, muchas imágenes, ¿quién lo diría, eh?)
Bueno, pues, será que alguien mejor le avise que tengo Raid y sé cómo usarlo.
(Hubo otros, quizás más serios textos inspirados por mi ilustre compañera, pero serán temas mejor ilustrados en vehículos más nobles. Muchos recuerdos, muchas imágenes, ¿quién lo diría, eh?)
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Visión empañada
martes, 5 de abril de 2011
Como casa encantada
soy.
espíritu inquieto
entre paredes mohosas
abandonado en desuso
como casa encantada
de cuerpo vacío y traslúcido
vagando sin dirección,
ni alivio,
ni olvido
los furiosos portazos
(que parecen del viento)
sin salida,
sin salida.
espíritu inquieto
entre paredes mohosas
abandonado en desuso
como casa encantada
de cuerpo vacío y traslúcido
vagando sin dirección,
ni alivio,
ni olvido
los furiosos portazos
(que parecen del viento)
sin salida,
sin salida.
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lunes, 28 de marzo de 2011
Prólogo.
¿Qué son estas tinieblas que parecen nacer de mis entrañas?
Cada día una batalla. Cada día la oscuridad vibra en mi pecho buscando deshacer los frágiles cartílagos que a duras penas logran retenerla.
Los puños cerrados, las uñas encarnadas.
No hay descanso para el que sueña. Las pesadillas se encargan de recordárselo. No ya un alma pura deslizándose por la noche a ciegas, a merced del azar que tomó como tutela.
Ahora era el dolor de la decisión. Los caminos claramente demarcados que llevaban a destinos un tanto inciertos. El miedo a la decepción, el miedo a abandonar de una vez aquellos conceptos hacia tanto aprendidos, aquellos estandartes que alguna vez había blandido con convicción. Tocaba sumergirse en los mares de realidad y aprender a nadar; ahogarse nunca fue una opción.
Sí, supongo que los demonios no solo existían en la ciencia ficción. Estaban allí; permanecían escondidos desgarrándolo todo por dentro, puesto que si bien los hachazos del desengaño se habían hundido certeros en mis fantasías de juventud, no habían logrado aún liberar a las bestias de la desesperanza.
Cada día una batalla. Cada día la oscuridad vibra en mi pecho buscando deshacer los frágiles cartílagos que a duras penas logran retenerla.
Los puños cerrados, las uñas encarnadas.
No hay descanso para el que sueña. Las pesadillas se encargan de recordárselo. No ya un alma pura deslizándose por la noche a ciegas, a merced del azar que tomó como tutela.
Ahora era el dolor de la decisión. Los caminos claramente demarcados que llevaban a destinos un tanto inciertos. El miedo a la decepción, el miedo a abandonar de una vez aquellos conceptos hacia tanto aprendidos, aquellos estandartes que alguna vez había blandido con convicción. Tocaba sumergirse en los mares de realidad y aprender a nadar; ahogarse nunca fue una opción.
Sí, supongo que los demonios no solo existían en la ciencia ficción. Estaban allí; permanecían escondidos desgarrándolo todo por dentro, puesto que si bien los hachazos del desengaño se habían hundido certeros en mis fantasías de juventud, no habían logrado aún liberar a las bestias de la desesperanza.
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Visión empañada
domingo, 27 de marzo de 2011
jueves, 2 de diciembre de 2010
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