Hubo un día, tiempo atrás, en que mi presente era utopía. Un día en que imaginarte era lo más parecido que podía lograr a tenerte. Un día en que soñar era mejor que estar despierta. No recuerdo casi esos días, pero sé que los hubo.Y sin embargo, cada uno de esos oscuros días se me antoja en retrospectiva, hermoso en sí mismo, cada uno dotado de una incuestionable magia. Cada uno parte de una historia que debía ser contada, cada uno una de estas palabras, cada semana una oración en la más calculada prosa, cada mes un párrafo que encerraba mi yo en espacios temporales que se llenaban con significantes vacuos, desprovistos de literatura, como las instrucciones de un electrodoméstico que ni siquiera llegan a dejar la caja.
Sí, cada uno tan prolijo y ordenado como el párrafo que antecede.
Hasta ti.
Eras tú, la que llegabas y todo lo habías cambiado.
ahora podía ver
-sin cerrar siquiera mis dos esferas hipnotizadas-
tus piecitos danzantes
escapándose por entre las sábanas
tu hilera de chiclets mentolados
asomándose por entre los
trampolines escarlatas de tus labios
ahora podía no solo ver,
podía regocijarme
en tu parque de atracciones
(adiós Disney, otra vez será)
y deslizarme por la suave curva de tu rostro
Tú, tú, tú,
tú habías llegado
a gobernar sobre el orden,
a conquistar un descampado,
tú habías llegado
y contigo el magnifico caos
de los cuerpos que bailan al ritmo de la poesía.
martes, 22 de noviembre de 2011
jueves, 17 de noviembre de 2011
Mi constante.
En la furia irrevocable,
de mis estados alterados,
-absolutamente impermeable-
hay solo una cosa
que me trae de vuelta:
tu inagotable ternura.
Tú,
mi constante.
de mis estados alterados,
-absolutamente impermeable-
hay solo una cosa
que me trae de vuelta:
tu inagotable ternura.
Tú,
mi constante.
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Visión empañada
martes, 11 de octubre de 2011
Tic tac no more.
Ese tic tac del reloj,
endeble cuerpo del tiempo,
afanándose por existir
y nuestra vida catalogar.
Ese tic tac del reloj,
que se mata por interesar:
ella llegó y remplazó,
Ese tic tac del reloj,
que ella destronó...
Ella, solo ella,
extinguió, ese pesar de las horas
acumulándose sin finalidad;
ahora no se cuentan minutos,
se cuentan solo los nuestros.
y los solos.
endeble cuerpo del tiempo,
afanándose por existir
y nuestra vida catalogar.
Ese tic tac del reloj,
que se mata por interesar:
ella llegó y remplazó,
Ese tic tac del reloj,
que ella destronó...
Ella, solo ella,
extinguió, ese pesar de las horas
acumulándose sin finalidad;
ahora no se cuentan minutos,
se cuentan solo los nuestros.
y los solos.
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Visión empañada
miércoles, 21 de septiembre de 2011
CC al mundo.
¿Cómo podía atreverse
a concederle
siquiera un segundo
a quien no fuera yo?
A dejarla entrar.
A que sea necesaria.
A que sea extrañada.
¿Cómo?
¿Cómo
cuando yo
había pretendido expulsarla?
¿Cómo,
cuando debería bastar conmigo?
No...
Así no.
a concederle
siquiera un segundo
a quien no fuera yo?
A dejarla entrar.
A que sea necesaria.
A que sea extrañada.
¿Cómo?
¿Cómo
cuando yo
había pretendido expulsarla?
¿Cómo,
cuando debería bastar conmigo?
No...
Así no.
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Visión empañada
lunes, 12 de septiembre de 2011
Te brillaré; un día, te brillaré.
Nunca;
esferas tan brillantes.
Jamás;
aquel resplandor.
Los suyos,
nunca juzgaban
pero dolía mirarlos
como al sol,
...ver en ellos reflejada,
mi diminuta figura en llamas,
insignificante,
enmarcada en fina avellana.
Añoraba aquel día
que aquel divino portaretratos
encerrara en su reducido centro
mi imagen, sí,
pero digna, de una vez,
y,
finalmente,
inmutable.
esferas tan brillantes.
Jamás;
aquel resplandor.
Los suyos,
nunca juzgaban
pero dolía mirarlos
como al sol,
...ver en ellos reflejada,
mi diminuta figura en llamas,
insignificante,
enmarcada en fina avellana.
Añoraba aquel día
que aquel divino portaretratos
encerrara en su reducido centro
mi imagen, sí,
pero digna, de una vez,
y,
finalmente,
inmutable.
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Visión empañada
sábado, 20 de agosto de 2011
De como la soledad revelaba verdades absolutas decisivamente extravagantes.
¿Quién, si no tú, entonces?
Vivía la distancia como una especie de amputación. Observaba su cuerpo torpe e inútil; un cuerpo que ya no sabía cómo comportarse cuando no se veía envuelto en su danza primaria, aquella que nacía de las profundidades de los cuerpos confundidos, aquella cuyo objetivo último era el amalgama de esas masas de extremidades que se apretaban casi hasta la asfixia. La asustaban un poco esos contornos borrosos, la indefinición de las líneas, las que, indudablemente, les daban dos nombres; nombres que no compartían. Sí, definitivamente la distancia la ponía en un humor reflexivo; su cabeza parecía disfrutar este bienvenido co-protagonismo, y se entretenía con cuestiones serias e importantes, como si condujeran a algo, como si no fuera cierto que se esfumarían en volutas de humo perfumado tan pronto hundiera su rostro en aquel exquisito pecho de porcelana. Pero aún así tramaba planes y esquemas, y se deshacía en interrogantes existencialistas, amparando los vestigios de una identidad desnutrida, como le gustaba llamarla entre risas, para despertar el interés del encandilado maniquí que yacía lánguido y desesperanzado. En esto, la voz de la razón se anunciaba desde el centro, evocando un antiguo mito: el suyo era un cuerpo dividido, cuyas partes se anhelaban, cohabitado por dos esencias únicas que se amaban. Ahora sí, no había nada que agregar.
Terminadas estas palabras, sonrisa traviesa en cara, (des)cuento las horas para tu regreso.
Vivía la distancia como una especie de amputación. Observaba su cuerpo torpe e inútil; un cuerpo que ya no sabía cómo comportarse cuando no se veía envuelto en su danza primaria, aquella que nacía de las profundidades de los cuerpos confundidos, aquella cuyo objetivo último era el amalgama de esas masas de extremidades que se apretaban casi hasta la asfixia. La asustaban un poco esos contornos borrosos, la indefinición de las líneas, las que, indudablemente, les daban dos nombres; nombres que no compartían. Sí, definitivamente la distancia la ponía en un humor reflexivo; su cabeza parecía disfrutar este bienvenido co-protagonismo, y se entretenía con cuestiones serias e importantes, como si condujeran a algo, como si no fuera cierto que se esfumarían en volutas de humo perfumado tan pronto hundiera su rostro en aquel exquisito pecho de porcelana. Pero aún así tramaba planes y esquemas, y se deshacía en interrogantes existencialistas, amparando los vestigios de una identidad desnutrida, como le gustaba llamarla entre risas, para despertar el interés del encandilado maniquí que yacía lánguido y desesperanzado. En esto, la voz de la razón se anunciaba desde el centro, evocando un antiguo mito: el suyo era un cuerpo dividido, cuyas partes se anhelaban, cohabitado por dos esencias únicas que se amaban. Ahora sí, no había nada que agregar.
Terminadas estas palabras, sonrisa traviesa en cara, (des)cuento las horas para tu regreso.
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Visión empañada
lunes, 8 de agosto de 2011
Por ahora una ficción.
Me asusta:
tu ausencia;
de minutos,
pocas horas,
en que la norma,
nos divide;
me asusta,
por lo intenso
de la angustia;
me asusta:
por pensar,
que si la ausencia fuese eterna,
(ya) no habría salvación.
tu ausencia;
de minutos,
pocas horas,
en que la norma,
nos divide;
me asusta,
por lo intenso
de la angustia;
me asusta:
por pensar,
que si la ausencia fuese eterna,
(ya) no habría salvación.
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martes, 19 de julio de 2011
Faltaban ellas, o no faltaba nada.
ya está,
faltaban solo las palabras,
que la vestirían de seriedad,
pero ya estaba;
cada recoveco turbado
había sido sosegado:
sus manos como una hoguera,
sus llamas de terciopelo;
su cuerpo otrora un páramo
había sido colmado,
saciado en una ablución
de caricias cristalinas;
no era paz anodina que
la durmiera en complacencia,
era amalgama de adrenalinas
que colisionaban en singular melodía;
restaban solo las palabras,
que apenas se contenían,
faltaban solo las palabras
que le dieran un nombre:
aseguraran su permanencia.
faltaban solo las palabras,
que la vestirían de seriedad,
pero ya estaba;
cada recoveco turbado
había sido sosegado:
sus manos como una hoguera,
sus llamas de terciopelo;
su cuerpo otrora un páramo
había sido colmado,
saciado en una ablución
de caricias cristalinas;
no era paz anodina que
la durmiera en complacencia,
era amalgama de adrenalinas
que colisionaban en singular melodía;
restaban solo las palabras,
que apenas se contenían,
faltaban solo las palabras
que le dieran un nombre:
aseguraran su permanencia.
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